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24 • Enero - Junio 1997 • Pág. 141
 
 
 
 •  Iniciativas
 

Cuatro mundos en una sigla: ELIS

Educazione, Lavoro, Istruzione, Sport: éste es el significado de la sigla de una ambiciosa realidad formativa que actúa en uno de los barrios más populares de Roma desde hace más de treinta años. Educación, Trabajo, Instrucción, Deporte. Una conversación con el director del Centro, Gerolamo Inzerillo, nos proporciona la ocasión de profundizar, sobre todo desde el punto de vista de la vida real, en el sentido de cada uno de los cuatro mundos sintetizados en la sigla "ELIS". La primera palabra es Educación...

— Educar... no es tarea fácil. Y, sin embargo, no haríamos nada de cuanto usted puede ver en el ELIS si no existiera esta finalidad. La "E" es la primera letra del acrónimo ELIS, y esto no es una casualidad. Le pondré un ejemplo. Hace pocos días, nuestro equipo más "adulto" de voleibol ha ascendido a tercera división. El entrenador ha hecho un buen trabajo, porque ha sido él quien, en cuatro años, desde que se constituyó el equipo, lo ha llevado a la tercera división. Pues bien, el año próximo volverá a entrenar a los chicos de catorce años, porque no nos interesan los éxitos en las competiciones por sí mismos. Lo que nos interesa es hacer del deporte un instrumento educativo. Si además hay buenos resultados, tanto mejor.

Educar es una pasión. El Fundador del Opus Dei decía que en esta tarea es necesario tener corazón de padre y de madre. Aquí, en el Centro ELIS, vivimos esta pasión educativa sobre todo en el ámbito de la Residencia, con sus más de ochenta residentes entre los dieciocho y los veintitrés años, procedentes de todas las regiones de Italia, desde Sicilia hasta el Véneto, pero principalmente de las regiones del Centro y del Sur. Es una labor que absorbe muchas energías, pero es también una labor muy bonita. Y las satisfacciones no faltan.

¿Cuáles son los aspectos de la personalidad a los que se presta más atención en la tarea educativa?

— Tengo la impresión de que uno de los campos en los que hoy en día hay más deficiencias es el de la capacidad de sacrificio, de autocontrol, de orden en la jerarquía de valores. Paralelamente, creo que hay una carencia generalizada de convicciones profundas y estables. Todo esto deriva, en mi opinión, del hecho de que a menudo los padres ceden demasiado fácilmente ante los hijos. La sociedad del bienestar y del permisivismo hace muy arduo el trabajo educativo, y con frecuencia los padres condescienden "porque está de moda".

Los chicos que vienen al Centro ELIS frecuentan nuestros cursos de la Escuela de Formación Superior (post-diploma) y ponen de este modo los cimientos de un futuro profesional: esto significa que han de aprender a vencer el desorden en sus horarios y en sus compromisos, y también el desorden material. Aquí todos saben que por la noche cerramos a las 23.00, y el sábado a las 24.00. El primer mes suelen venir con la misma canción: "¡pero si lo hacen todos!". Se refieren al hábito de volver a casa a las tres o las cuatro de la noche. Pero después se acostumbran a una vida más sana y más regular, y los resultados se ven. Lo mismo pasa con el uso de la televisión. A veces llegan chicos que son verdaderos "videodependientes" y que sufren como una "crisis de abstinencia", porque aquí el ritmo de trabajo no permite ver la televisión muy a menudo. En parte pensando en ellos, recientemente se ha puesto en marcha un ciclo de cine-forum, con el objeto de analizar críticamente los mensajes de la comunicación.

Después de la Educación, pasemos al Trabajo. Se trata de un elemento clave en el proyecto educativo que se acaba de describir. ¿Es cierto que también las empresas, a la hora de seleccionar su personal, valoran cada vez más la formación humana?

— Así es. Algunos de los invitados que vienen de vez en cuando al ELIS (por ejemplo, directores de personal de grandes empresas) no lo ocultan: más que la preparación técnica, lo que buscan es la honradez, la seriedad, la corrección, la estabilidad de la persona. Quizá por eso miran con buenos ojos a los chicos que salen del Centro ELIS. A fecha de hoy, cuando todavía faltan veinte días para que terminen nuestros cursos, y a pesar de los tiempos que corren, ya hay siete alumnos que han sido contratados a tiempo indefinido; y no son más porque hay muchos que tienen que hacer todavía el servicio militar.

De todos modos, quiero dejar claro que los alumnos también están muy preparados técnicamente, gracias a una metodología didáctica moderna. Desde hace años, por ejemplo, los estudiantes hacen prácticas durante una temporada en empresas grandes o pequeñas. Este año, dos alumnos han estado haciendo prácticas en Escocia. Cuando vamos a visitar a los responsables de las empresas, suelen estar plenamente satisfechos. Los comentarios habituales son: "al cabo de una semana ya estaban trabajando con toda eficacia", "estamos asombrados de que los ingenieros se encuentren tan a gusto con vuestros muchachos", etc. El otro día, en la Texas Instruments, una empresa en la que en este momento hay cuatro alumnos del ELIS haciendo prácticas, hemos tenido que pedir que nos hablen sólo de los defectos de los chicos, para poder ayudarles.

Ahora toca hablar de Instrucción. ¿El ELIS se limita a la enseñanza técnica, o pretende ir más allá?

— Señala usted un tema muy importante. En efecto, uno de nuestros objetivos es el de la cultura. Los chicos leen poco, y como consecuencia a menudo no saben escribir bien. Hay que insistir mucho, porque estamos en la civilización de la imagen. Pero la imagen por sí sola no basta. En el Centro ELIS tenemos una buena biblioteca, con más de seis mil volúmenes. La hemos informatizado, y todos los chicos del barrio pueden venir y tomar libros en préstamo. Hemos perdido algunos, pero el gasto vale la pena. Nuestro bibliotecario tiene pasión por los libros y procura meter en los chicos la afición a la lectura.

También procuramos animar a los muchachos a redactar ponencias, informes, trabajos de investigación. Recientemente hemos presentado en la Unión Europea un proyecto para la difusión de la cultura europea entre los alumnos. El proyecto ha sido aprobado y, entre otras cosas, hemos convocado un concurso literario y otro de dibujo. Hace unos días se han dado los premios. Entre los participantes había muchos alumnos de los cursos de orfebrería, de relojería y de mecánica.

Por último, Deporte. Quizá este punto final del itinerario formativo del ELIS merecería un capítulo aparte...

— Nuestra sociedad es muy sensible al deporte. Ayer hemos tenido precisamente la fiesta final de la escuela deportiva, y han venido más de trescientas personas, casi todas del barrio Tiburtino. La escuela tiene tres secciones: fútbol, baloncesto y voleibol. En total, los chicos son trescientos cincuenta.

Las madres y los padres están siempre muy pendientes de las competiciones en que participan sus hijos, se apasionan, vienen a animarles... Para nosotros, es la ocasión de involucrarles en la actividad educativa y de llevar a cabo una acción formativa que, si nos ponemos a hacer números, en el barrio acaba por notarse: todos los meses organizamos un retiro espiritual para padres y entrenadores, y con frecuencia hay reuniones sobre temas relacionados con la formación de los hijos. El mes pasado, por ejemplo, muchos padres asistieron a una conferencia sobre el desarrollo de la personalidad en la adolescencia, y al terminar la exposición hubo muchísimas preguntas.

Los chicos llevan a casa Elisport, la revista de la escuela deportiva, en cuya redacción colaboran muchos alumnos de las distintas disciplinas. El deporte es un gran instrumento educativo. Competimos, estamos presentes en todas las categorías, pero enseñamos a los chicos (y a los padres) que no se puede ganar de cualquier modo y que lo que cuenta no es ni la victoria ni la derrota, sino el empeño por mejorar y por crecer en las cualidades humanas que el deporte pone en juego: la lealtad, la capacidad de sacrificio, el altruismo, la honestidad, la amistad. Entrenadores y tutores están pendientes de los chicos desde el primer día: en el hall, en los campos, en el vestuario. Todo este esfuerzo sirve para ayudarles a crecer también en orden, en dignidad y pudor..., y da ocasión para hablar con los padres y para concertar entre todos las metas educativas.


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