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29 • Julio - Diciembre 1999 • Pág. 272
 
 
 
 •  Iniciativas
 

Tradición y desarrollo en el Programa de Acción Social en Kimbondo

El pasado 13 de julio, la Ministra de Asuntos Sociales del Congo presidió la presentación de un programa de promoción rural dirigido a mujeres del área de Kimbondo, a las afueras de Kinshasa. El nuevo programa busca capacitar como monitoras rurales a un grupo numeroso de mujeres de la localidad, de manera que puedan contribuir al mejoramiento del nivel de vida de las demás personas del área. La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio denominado Programme d'Action Sociale, nacido en 1995.

Muchas de las participantes en el nuevo programa son estudiantes del Lycée Professionnel Kimbondo, que fue inaugurado oficialmente en 1998 por el Ministro de Educación Nacional.

Los habitantes de Kimbondo son, en su mayoría, originarios de medios rurales que se han desplazado a la capital buscando una mejora económica o medios para educar a los hijos. Desgraciadamente la situación que encuentran en la ciudad no es tan brillante como habían imaginado. La inestabilidad del último decenio ha provocado graves problemas económicos y sociales que han empeorado con la reciente guerra.

«Nos chocó especialmente la situación de la mujer en Kimbondo», explica Nelly Tshela, una joven abogado congoleña que trabaja desde los inicios en el Programme d'Action Sociale. «Vimos la urgencia de ayudar a estas mujeres que viven expuestas y sumergidas en unas condiciones tan precarias, reglamentadas por costumbres ancestrales que las colocan en una posición de inferioridad. Había que hacer algo para mejorar las condiciones de vida de las 12.000 personas que integran el barrio».

Las mujeres de Kimbondo están habituadas a vivir absorbidas por las tareas del campo. y, al inicio, no veían la necesidad de aprender cosas nuevas, de invertir tiempo y esfuerzo en mejorar sus conocimientos. La mayoría no ha ido a la escuela, han recibido, en el mejor de los casos, una formación apenas rudimentaria.

«Medios teníamos pocos, —continúa Tshela— pero pensamos que algo de "humanidad" sí teníamos y "humanidad" era quizá aplicar un poco de sentido común, tan maltratado por las creencias de todo tipo. De ahí que la transmisión de la visión cristiana de la vida, optimista y enriquecedora de lo humano, sea el telón de fondo de nuestro proyecto».

Una vez que el primer grupo de asistentes a cursos de nutrición, higiene o francés comprendió la importancia de formarse, «se les abrió el aprecio por una vida de más calidad», dice Nelly Tshela. «Hay 6.000 mujeres en el barrio. Desde el principio, nuestro objetivo fue llegar cada vez a más. Desde que en mis primeros años en la universidad fui familiarizándome con los escritos del Fundador del Opus Dei, me interesé por conocer mejor lo característico de la mujer. Me parece que un defecto corriente es pararse a contar. La mujer debe también soñar y acometer más proyectos. El "más" es también un adverbio frecuente en el Beato Josemaría». Así, uno de los primeros pasos del proyecto fue encontrar personas con capacidad de ser "monitoras" entre las mujeres de los alrededores con más condiciones.

El grupo inicial que impulsó esta actividad estuvo compuesto por unas pocas mujeres. Desde el primer momento, colaboraron universitarias y otras personas interesadas en participar en el desarrollo, independientemente de su edad y grupo social. «Tratamos de hacerles comprender —explica la joven abogado— que, al mismo tiempo que ayudan a las personas que viven en la miseria, su acción supone un enriquecimiento personal».

«¿Nuestro método? —se pregunta Nelly Tshela—. Despertar una a una. Sólo así, dialogando, aprendiendo a conversar (a leer y a escribir) se aprende a trabajar, se abren horizontes. El desarrollo en Kimbondo es posible, pero es necesario que la mujer se despierte. Éste ha sido nuestro impulso desde el principio. El desarrollo no se estudia: se hace, dándose. Al menos ésa es nuestra intuición. Este talante de lucha deportiva, optimista y natural se lo debemos también al Beato Josemaría. Aquí intentamos enseñar a estas mujeres a trabajar, trabajar mucho y bien, con visión cristiana».

«Hoy —concluye—, no sabría medir la amplitud que está tomando esta acción social: más de 100 mujeres se interesan con constancia en la búsqueda de soluciones. Pero estoy segura de que buscar, es señal de que ya se está mejorando».


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