Opus Dei. Boletín RomanaBoletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei

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30 • Enero - Junio 2000 • Pág. 73
 
 
 
 •  Del Prelado
 

Catalunya Cristiana (Barcelona, 18-V-2000)

Entrevista concedida a Miriam Díez i Bosch, publicada en el semanario "Catalunya Cristiana", Barcelona, España.


El Opus Dei nació en España. ¿Cuál es hoy la realidad de la Obra en el contexto español?

La realidad del Opus Dei en España es la de un fermento de vida cristiana. Por la gracia de Dios, y no por mérito de los fieles de la Prelatura, en estos setenta y dos años transcurridos desde su fundación, cientos de miles de personas han encontrado o reencontrado a Jesucristo, en el trabajo o mediante la amistad de una mujer o de un hombre del Opus Dei.

Al mismo tiempo, se podría decir que el Opus Dei en España está empezando: si me permite la expresión, existe mucha "demanda", mucho interés por ese ideal de seguir a Jesucristo en las circunstancias ordinarias de la vida.

¿Cuál es el papel del santuario de Torreciudad?

Por el Santuario de Torreciudad, que celebra su 25º aniversario el próximo mes de julio, han pasado ya millones de mujeres y de hombres de muchos países para rezar a la Virgen, para recibir el sacramento de la Reconciliación, para renovar su vida cristiana. Ahí radica la razón de ser del Santuario: facilitar el encuentro personal con Jesucristo, mediante Santa María. Por eso, muchos españoles, y también personas de otras naciones, guardan de Torreciudad una memoria llena de afecto, y lo encuadran como un momento significativo en la historia de su vida.

¿El número de jóvenes que aspiran al sacerdocio está estable, crece o disminuye?

En la Iglesia se está verificando, y no en pocos países, un aumento de sacerdotes y de seminaristas, de jóvenes que se preparan para el sacerdocio. Estos datos constituyen un motivo de alegría y de agradecimiento a la Santísima Trinidad. Demuestran que seguir a Jesucristo de forma radical, ponerse totalmente a su servicio, constituye un proyecto de vida atractivo para jóvenes o profesionales de los más variopintos ambientes. La llamada de Cristo es siempre actual.

En cuanto al Opus Dei, precisamente hace unos días tuve la oportunidad de conferir la ordenación sacerdotal a algunos fieles de la Prelatura, y ahora, en mayo y en septiembre ordenaré a algunos más. Desde mi consagración episcopal, en 1995, he ordenado a más de doscientos fieles de la Prelatura del Opus Dei. Sin embargo, mirando a las necesidades del mundo, todos me parecen pocos. Por eso, no menciono estas cifras con orgullo, sino con agradecimiento al Señor, al mismo tiempo que ruego por los sacerdotes y seminaristas de todas las diócesis.

¿Se siente orgulloso de pertenecer a la única prelatura personal del mundo?

Mi sentimiento constante se traduce en una acción de gracias al Cielo. Todos los días deseo alabar más y más a Dios por su Providencia, por la familia en la que nací, porque me llamó a formar parte de esta porción del pueblo de Dios —el Opus Dei— y años más tarde al sacerdocio, porque he vivido junto a un santo, el Beato Josemaría Escrivá, y por muchos otros motivos que alargarían demasiado mi respuesta.

Por otra parte, espero que con el tiempo y de acuerdo con las propuestas del Concilio Vaticano II, se erigirán en la Iglesia otras prelaturas personales, nacionales o internacionales, para atender necesidades específicas pastorales que están ya en la propia vida de la Iglesia o que surgirán.

¿En qué sentido afirma que la mujer es la pieza clave en la familia?

En mi opinión, es pieza clave en sentido estricto. La familia, célula fundamental de la sociedad, constituye un proyecto común que depende de la aportación de todos: del marido, de la mujer, de los hijos... Opino, concretamente, que en nuestros días resulta muy necesario recordar la grandeza de la paternidad y la responsabilidad del padre en la familia. Pero sin planteamientos excluyentes, porque si el padre es fundamental, lo es igualmente la madre.

Negar el valor inmenso e insustituible de la aportación de la mujer en la familia equivale a cerrar los ojos a la realidad. No me refiero a la habilidad para las tareas del hogar, sino más a bien a una serie de cualidades morales, que no pueden resumirse en pocas palabras: se corre el riesgo de simplificar y de quedarse corto. Las madres poseen una maravillosa capacidad de expresar el amor, de hacer felices a los demás, amando a cada uno tal como es, de forma desinteresada e incondicional. Opino que la familia tiene su apoyo y se construye sobre esa forma particular de sabiduría y de intuición tan propia de la mujer.

¿Cuál sería su propuesta de cristianizar las estructuras civiles y laicas para resolver los problemas de justicia social?

Para iluminar con la luz del Evangelio las estructuras sociales no existe una sola fórmula, ni un solo programa. Además, la justicia social no está circunscrita a las actividades de carácter asistencial, ni a un tipo de países, ni a determinados grupos de individuos. La justicia abarca todas las relaciones entre los hombres.

Por ese motivo, «cristianizar las estructuras civiles», como usted dice, representará siempre una misión fundamental de los laicos, de hombres y mujeres que vivan su fe de forma coherente en todas las profesiones: empresarios y trabajadores, políticos, maestros, funcionarios, abogados,... Nadie está exento de dicha responsabilidad.

En ese contexto, adquiere un valor capital la labor de formación cristiana, que debe ser profunda, madura, realista. Una buena formación intelectual, profesional, espiritual, ética, ayuda a inventar o descubrir mil formas de ejercitar la justicia en el trabajo ordinario y en todas las relaciones entre los hombres. Como obispo, considero esta tarea un reto pastoral apasionante.

¿Qué prioridad se plantea la Obra en este Jubileo?

Insistimos en la necesidad de la conversión personal a Jesucristo, mostrando que sus «mandamientos» son pruebas de su amor. Tenemos que ser coherentes con la fe que tenemos y arrepentirnos de lo que no hacemos lo bastante bien. ¡Si fuéramos santos, no estaríamos en la tierra!

¿Piensa en una evangelización directa y explícita?

Somos discípulos de Cristo, no podemos negar nuestra identidad cristiana, que es la auténtica realidad. El cristianismo dignifica a la persona. Estamos llamados a traer el cristianismo a la situación concreta. Tenemos que evangelizar sin miedos, no tenemos que ocultar que somos hijos de Dios: la fe se vive en todo momento, no se puede ser buen padre o buena madre de familia y no ser honesto en los negocios.

¿En qué punto se encuentra el proceso de canonización de Escrivá de Balaguer?

Para la canonización hay que demostrar la existencia de un milagro obrado por intercesión del Beato, en tiempo posterior a su beatificación. Desde el 17 de mayo de 1992, fecha en que el sacerdote Escrivá de Balaguer fue declarado beato, se han recogido datos de varios casos de curaciones científicamente inexplicables.

El estudio de esos casos se encuentra en diferentes fases: algunos ya están instruidos y presentados en la Santa Sede. Las instancias eclesiásticas que intervienen analizan con rigor y sin precipitación los elementos que se presentan. Mientras tanto, me causa mucha alegría comprobar que la devoción al Beato Josemaría se extiende a nuevos países y ambientes. No tengo ninguna duda de que la canonización llegará en el mejor momento.


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