Opus Dei. Boletín RomanaBoletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei

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36 • Enero - Junio 2003 • Pág. 126
 
 
 
 •  Del Prelado
 

Entrevista en Il Secolo XIX. Génova (22-VI-2003)

Elevado al honor de los altares el 6 de octubre del año pasado, el 26 de junio se celebra la fiesta canónica dedicada a San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei. Un santo de nuestros días, que quiso la Obra como camino para dar sentido y dignidad al trabajo y a la vida cotidiana.

Su sucesor, monseñor Javier Echevarría, coordina la presencia y la actividad de la Obra en todo el mundo. Un “padre y madre” para centenares de miles de creyentes comprometidos en la andadura de ese camino de santificación cotidiana. Hombre cercano al Papa desde dentro de la Iglesia, en contacto con las personas clave del Vaticano, monseñor Echevarría es un testigo privilegiado de estos veinticinco años de pontificado de Juan Pablo II, de los desafíos que suponen para la Iglesia la paz, la dignidad del hombre y la salvaguardia de las raíces y de la cultura cristianas.

Veinticinco años de pontificado son veinticinco años de la historia del mundo. ¿Cuál es su juicio de la misión del Papa?

La actividad del Papa es tan amplia, y su figura tan significativa a todos los niveles, que supera cualquier tipo de juicio. Juan Pablo II representa algo único en el actual momento histórico. Su autoridad moral es universalmente reconocida, su prestigio es tal que nadie puede ni siquiera fingir que ignora sus intervenciones a favor de la dignidad de la persona humana, del respeto de la vida, de la paz, de los pueblos pobres de nuestro planeta. El Papa ha mostrado de nuevo con los hechos, como sus predecesores, que es “el siervo de los siervos de Dios”, el infatigable defensor de la verdad, el abogado de todos los hombres y de todas las mujeres, en cuya dignidad cree con todas sus fuerzas. En realidad, en todo esto está en juego algo mucho más importante que el simple prestigio de su persona. En estos veinticinco años Juan Pablo II ha hecho presente a Cristo en nuestro tiempo, ha llevado a la humanidad a buscar en Jesús la respuesta a las preguntas de fondo sobre el sentido de la existencia humana. Éste es el motivo último de su autoridad.

Sin embargo, en realidad parece que se le sigue haciendo poco caso. ¿Por qué?

Algunas intervenciones del Papa contrastan netamente con la mentalidad y la cultura dominantes y pueden parecer, por tanto, obligadas pero anacrónicas. Necesarias pero destinadas a sucumbir. Esta aparente asincronía no significa irrelevancia. Los maestros no se dejan encerrar en el tiempo. Estas intervenciones han de ser recibidas no según una óptica partidista, sino como actos de ejercicio del Magisterio. Indican una dirección que hay que seguir: una dirección difícil para todos, pero históricamente ineluctable, si de verdad queremos la salvación de nuestra civilización. Proponen valores sobre los que toda discusión ha de ser superada: la promoción de la paz, la defensa de la vida, la afirmación de la justicia, el ofrecimiento y la petición de perdón. Aquí está la dificultad: en la necesidad de no escoger uno para dejar el otro. El bien es indivisible.

¿El Opus Dei debe mucho a este Papa?

El mensaje difundido por San Josemaría desde 1928, confirmado después por el Concilio Vaticano II, se muestra particularmente atractivo por el redescubrimiento de la extraordinaria belleza de la santidad cristiana, un ideal que hay que buscar y poner en práctica en todos los momentos de la vida: tanto en los de paz y serenidad como en los que se ven marcados por los problemas y por el dolor. Un ideal al alcance de todos. La vida ordinaria puede a veces parecer banal. Pero, si buscamos a Cristo, lo cotidiano se transforma en camino hacia Dios y hacia la felicidad. Estoy agradecido a todos los Papas, porque todos, desde Pío XII hasta hoy, han demostrado un gran afecto por el Opus Dei. Tenemos una particular deuda de gratitud con Juan Pablo II, porque durante su pontificado han tenido lugar algunos eventos de especial importancia para la historia de la Obra, como por ejemplo la canonización de San Josemaría.

¿Cómo secunda el Opus Dei el empeño del Papa? Por ejemplo, sobre la constitución europea y el reconocimiento de las raíces cristianas de Europa el Papa ha hecho oír su voz. ¿Cuál es el empeño de la Obra en este sentido?

La misión y el empeño del Opus Dei es dar formación a los fieles de la Prelatura y a otras personas que lo deseen y lo pidan. Una formación espiritual coherente suscita la responsabilidad personal, el deseo de contribuir a la construcción de una sociedad más humana y más cristiana. Ignorar las raíces cristianas de Europa equivaldría a negar la misma realidad e historia europeas: es lo que ha puesto de relieve la Comisión de los Episcopados de la Unión Europea. En su labor, la Iglesia no persigue privilegios, sino que, por el contrario, procura situarse siempre en una dinámica de servicio y de apertura. Se trata de respetar la realidad, sin doblegarse a prejuicios anticlericales que pertenecen al pasado. De hecho, la cuna de Europa es el cristianismo. En este contexto, la Obra hace hincapié en la responsabilidad personal de cada uno, en particular de cada ciudadano cristiano, de contribuir a la evangelización de la cultura con el propio trabajo, con espíritu de iniciativa, yendo contra corriente si es necesario, abriendo caminos a las nuevas generaciones.

Pero parece que la Iglesia pretenda hegemonizar la Europa política...

Junto al valor de la libertad, es preciso recordar también el del pluralismo. Nadie puede pensar que los católicos promueven un “modelo único” para Europa, ni en la vertiente cultural ni en la política. En el Viejo Continente conviven culturas que, a pesar de sus comunes raíces cristianas, son muy diversas entre sí, pero que nadie pretende uniformar. Respeto de la realidad y respeto de la historia, en definitiva, en un clima de libertad y pluralismo.

El valor de la libertad comunica con el de la paz. ¿Se podrá un día vivir en paz en Palestina?

En Tierra Santa se combate por una tierra... Ésta es la verdad. Se combate por una cuestión de justicia. Entre palestinos e israelíes hay hombres y mujeres capaces de convivir fraternalmente. La paz es una bendición del cielo que necesita en la tierra hombres y mujeres de buena voluntad. Hay que construir la paz. La paz es un empeño humano. La paz auténtica, inseparable de la justicia, procede de una cordial comprensión entre las personas. Y esto requiere la buena disposición de comprender y perdonar, además del empeño de conocerse y estimarse. San Josemaría non se cansaba de repetir que sólo de la paz en las conciencias puede nacer la paz en los pueblos y entre los pueblos. Y añadía que la violencia no sirve nunca ni para vencer ni para convencer. Quien la usa sale siempre derrotado.

Muchas veces las guerras tienen su origen en situaciones dramáticas de pobreza, como sucede en África. El continente africano necesita ayuda. ¿El Opus Dei se ha comprometido a hacer algo por quienes en África se encuentran en una situación de mayor pobreza?

Cuando el Papa hizo pública, el año pasado, su intención de canonizar a San Josemaría, se constituyó un comité organizador que, entre otras cosas, promovió la creación de un fondo de solidaridad con África a partir de donativos de los participantes en la canonización. Nacía así el proyecto Harambee 2002. En la constitución del fondo han participado, hasta ahora, varios entes e instituciones, junto a más de cien mil personas, en su mayor parte con pequeñas aportaciones. Los fondos recaudados servirán para ayudar a dieciocho proyectos educativos en el África subsahariana. Entre éstos se encuentra un centro para la reinserción social de niños obligados a combatir durante la guerra civil en Sierra Leona. Es sólo una gota en un mar de necesidades. Pero el Proyecto Harambee 2002 ha servido para encauzar, en el momento de la canonización, la natural alegría de quien ha recibido muchas gracias a través de San Josemaría, hacia el deseo de recordar a quienes se encuentran en dificultad. Porque la vida está hecha de esto: alegría y dolor, salud y enfermedad, fuerza y debilidad. Viviremos siempre entre luces y sombras. Lo importante es poner la vida al servicio de los demás.

San Josemaría y “su” Génova

Una relación estrecha y fraternal vinculaba a San Josemaría con Génova, la primera ciudad italiana en la que puso pie, en su primer viaje a Roma. Éste es el recuerdo de aquellos momentos en las palabras de monseñor Echevarría.

Génova, en efecto, es la primera ciudad italiana en la que puso pie San Josemaría. El barco que lo traía de España llegó a Génova el 22 de junio de 1946 por la noche. San Josemaría encontró en el puerto, esperándole, a don Álvaro del Portillo, que años después sería su sucesor al frente del Opus Dei y que había acudido en coche. Se alojaron en un hotel que ahora ya no existe, el Columbia.

Al día siguiente, 23 de junio, San Josemaría celebró la misa, probablemente en la iglesia de San Sisto e Maria Bambina, en la via Prè, entonces visiblemente dañada por los bombardeos. Digo “probablemente” porque la desaparición de los registros de la iglesia impide tener certeza absoluta de que la Misa fuera efectivamente celebrada allí. Aquella fue su primera misa en suelo italiano.

Para los fieles genoveses del Opus Dei, el hecho de que el Fundador haya renovado el sacrificio de la misa precisamente en Génova, antes que en cualquier otra ciudad de Italia, tiene un significado particular. Conociendo a San Josemaría, estoy seguro de que en aquella ocasión debió de rezar intensamente por la ciudad que lo hospedaba y por sus habitantes.

Quiso que, en cuanto fuera posible, se abrieran centros del Opus Dei en Génova, y hoy constatamos que numerosos genoveses, hombres y mujeres de todas las condiciones sociales, se han acercado a Dios gracias al mensaje de San Josemaría. Me alegra ver cómo este apostolado personal se está extendiendo por toda la Liguria, tanto en la parte de Levante como en la de Poniente. Hay actividades de formación espiritual promovidas por el Opus Dei en San Remo, Imperia, Savona y Rapallo.


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