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36 • Enero - Junio 2003 • Pág. 144
 
 
 
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“Católicos en la vida pública”, mesa redonda en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

El pasado 9 de abril tuvo lugar en el Aula Höffner de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz una mesa redonda sobre “El compromiso y el comportamiento de los fieles laicos en la vida política”, a propósito de la Nota doctrinal del mismo título publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Para reflexionar sobre el contenido de esa Nota se reunieron el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y varios políticos e intelectuales: Francesco Cossiga, Giuseppe De Rita, el profesor Ernesto Galli della Loggia, el profesor Paolo Del Debbio y Mons. Ángel Rodríguez Luño. Abrió el acto un saludo del Gran Canciller de la Universidad, Mons. Javier Echevarría, que aludió a la política como un camino posible de santidad, tal como demostró con su ejemplo Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y de los políticos.

«El documento habla directamente a los católicos pero quiere hacer pensar a todos», dijo el Cardenal Ratzinger en su intervención. «La política pertenece a la esfera de la razón, que es razón natural y razón común a todos. Un Estado laico –subrayó– excluye la teocracia y la idea de una política dictada por la fe: la fe puede iluminar la política, pero no se puede trasferir el campo político de la razón a la fe». La política «es guiada por la razón y por las virtudes naturales de la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza». Para el Cardenal, el empeño activo de los fieles laicos en política requiere evitar dos peligros: la teologización de la política y la ideologización de la razón. Esta distinción de las dos esferas es esencial, pertenece desde siempre a la tradición del cristianismo, y se encuentra ya en las palabras de Cristo cuando indicó que hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. La justa profanidad o laicidad de la política excluye también «un positivismo y un empirismo que mutila la razón» y «ciega los valores morales».

El ex-Presidente de la República italiana y Senador vitalicio Francesco Cossiga afirmó que «este documento aclara algunas proposiciones que deberían ser vinculantes no sólo para un católico o un cristiano, sino también para un demócrata». Entre estas proposiciones, Cossiga mencionó la imposibilidad de sostener que «la política se deba situar fuera de la ética», como si fuese solamente un compromiso técnico. También habló de la fe y de la razón como dos tipos de conocimiento que no son dos verdades sino dos aproximaciones para conocer las reglas morales: la laicidad de la política está, por lo tanto, en el respeto de las demás libertades y no en el diluir la propia fe.

Mons. Ángel Rodríguez Luño, catedrático de Teología Moral en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, afirmó que la fe cristiana no se identifica con ninguna síntesis política concreta. Al mismo tiempo, sin embargo, tiene consecuencias para la actividad política, en tanto que «la fe conforma, confirma, añade o modifica las diversas culturas políticas de cuantos la asumen». Por otra parte, «la historia demuestra que la fe a veces ha sido también innovadora y creativa en el ámbito social y político». Los dos conceptos básicos de la Nota, refirió el profesor, son “coherencia” y “libertad”. El papel principal de la Iglesia, según él, sería el de formar las conciencias más que el de crear una cultura, de modo que haya personas bien formadas capaces de expresar una cultura en un contexto de legítima pluralidad.

El profesor Giuseppe De Rita, Secretario General de la Fundación CENSIS (Centro Studi Investimenti Sociali), subrayó la contraposición que ofrece la Nota entre «una condena justa del relativismo cultural y el pluralismo ético, por una parte, y la afirmación positiva de la centralidad de la persona, por otra, porque la participación democrática se hace posible sólo en la medida en que encuentra en la base una recta concepción de la persona». En este sentido, señaló, «toda democracia sería frágil si no pusiese como fundamento la centralidad de la persona».

A los grandes valores se ha referido también el profesor Ernesto Galli della Loggia, editorialista del “Corriere della Sera” y catedrático en la Universidad de Perugia de Historia de los partidos y de los movimientos políticos. Galli della Loggia afirmó que la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe «pone en evidencia uno de los problemas centrales de la condición de la sociedad liberal actual», es decir, «la falta de grandes valores compartidos». Para hacer funcionar una sociedad –explicó– no bastan las leyes formales o los diferentes aparatos administrativos, económicos y políticos, sino que se necesitan valores compartidos.

El encuentro académico terminó con unas palabras de Paolo Del Debbio, profesor de Ética Social y de la Comunicación y autor de un reciente libro sobre la globalización. Según Del Debbio, el católico activo en política debería evitar el incierto debate sobre los valores, sobre el qué hacer en general. Más bien debería dedicarse a «indicar algunos caminos muy precisos sobre el cómo se hacen las cosas con esos mismos valores».


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