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42 • Enero - Junio 2006 • Pág. 95
 
 
 
 •  Del Prelado
 

Milán 13-V-2006

Entrevista concedida a “Il Sole 24 Ore”, Milán

La santificación del trabajo es un elemento central del mensaje del Opus Dei.

El trabajo se ve como una realidad positiva, buena, y el Fundador decía que reconocemos a Dios no solo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo.

De aquí parte esa búsqueda de la perfección, signo característico de las personas del Opus Dei...

Si el trabajo se convierte en el lugar de encuentro con Dios, precisamente por esto debe de ser realizado de la mejor manera posible, con profesionalidad. Pero no importa la escala del prestigio social, la santidad no está determinada por el salario o por el estatus.

¿Y los que están en el paro?

Una prioridad es ayudar a aquellas personas, especialmente a los jóvenes, a aprender una profesión para ponerla al servicio de la sociedad. En Roma la Obra tiene desde hace 40 años el Centro Elis en el barrio Tiburtino, donde se forman jóvenes, y son ya más de diez mil los que han encontrado trabajo.

¿Cómo puede encontrar el camino de la santidad una persona que trabaja en el mundo de las finanzas, en medio de la especulación?

A veces se encuentra todavía el viejo prejuicio de mantener las finanzas, el justo beneficio, y las actividades relacionadas con el mercado de capitales como una cosa necesariamente negativa o peligrosa para un cristiano. Pero también esta realidad, si se orienta al servicio de los demás y se vive con honestidad, puede convertirse en ocasión de dar gloria al Señor. En definitiva, a Dios también se le puede encontrar en Wall Street.

Entonces, ¿también la especulación es un camino hacia Dios?

La especulación no debe de ser sobre las personas, y por eso se necesita una ética sólida. Pero también los empresarios deben de dar fruto a sus talentos, lo ha dicho Jesucristo.

La mayoría de los empresarios no piensan en hacer fructificar sus “talentos” cuando compran o venden...

A veces actuar con rectitud en el mundo de los negocios puede requerir heroísmo, porque exige enfrentarse con unas malas prácticas consolidadas que una persona de bien no puede aceptar en conciencia. De hecho la santidad es heroísmo. Todos estamos llamados a la santidad: y todos en consecuencia, somos capaces, con la ayuda de Dios, de tomar decisiones “heroicas” cuando las circunstancias lo requieren.

¿Los miembros de la Obra tienen alguna indicación especial en estos campos?

No reciben ninguna indicación sobre el desarrollo de la profesión. En el Opus Dei reciben formación cristiana que les ayuda a profundizar en las exigencias morales. Esa formación significa un estímulo para crecer, para mejorar. En otras palabras, se les ayuda a cultivar la virtud y buscar la santidad, es decir, a ser honestos, leales, laboriosos y comprensivos, a dialogar y aprender de los propios errores, aprendiendo también a pedir perdón.

¿Por qué dicen muchos que la Obra tiene tanto poder, especialmente en la economía y el mundo de los negocios?

Solo son lugares comunes, establecidos por quienes han querido obstaculizar nuestro trabajo. Entre los miembros del Opus Dei hay personas influyentes, pero sobre todo personas normales, de todas las profesiones. Pero estas últimas no son “noticia”...

Entonces ¿no hay “acuerdos” o “pactos de asociación” del Opus Dei en el campo de los negocios?

Si se diese cualquier cosa de este tipo, los primeros en revolverse contra este “pensamiento único” serían los propios fieles del Opus Dei. San Josemaría repetía que deseaba dejar como herencia a sus hijos espirituales el amor por la libertad y el buen humor. Puedo decir que así es.

En definitiva, en su trabajo los miembros ¿van cada uno por su cuenta? ¿No forman una red?

Ciertamente, no la forman. Se ha visto con frecuencia a personas del Opus Dei que persiguen intereses contrapuestos, buscando cada uno el bien de la sociedad para la que trabajan. No se pueden atribuir a la Obra las actuaciones de sus miembros individuales: cada uno es personalmente responsable de sus actuaciones en el campo profesional, tanto si triunfan como si fracasan.

¿ La ética es un tema central a la hora de santificar el trabajo?

Efectivamente, pensar que el trabajo tiene solamente una dimensión técnica, detenerse sólo en sus facetas específicas y prácticas, sería algo empobrecedor. Necesariamente, en cuanto acción humana, el trabajo tiene una repercusión en la personalidad del sujeto, y lo vuelve mejor o peor persona; tiene un valor trascendente y por tanto una dimensión ética, que va más allá de la técnica.

¿Ética como valor individual o colectivo?

Cuando afirmo que la ética hace más perfecto al individuo no quiero hacer un discurso individualista. Todos estamos de acuerdo en que un nivel alto de ética profesional resulta útil para el bien común. Una persona que no estafa a sus clientes, que paga sus impuestos, que respeta los acuerdos, atrae indirectamente la confianza y contribuye al buen funcionamiento de la sociedad.

Ya hemos hablado de los parados. Pero ¿cómo se puede santificar el trabajo en lugares donde la gente se muere de hambre?

Todo cristiano está llamado a reaccionar, a no quedarse en el desconcierto y escándalo frente a la miseria y volcarse en acciones concretas, buscando y encontrando soluciones para remediarla. Nadie puede considerarse eximido de esta responsabilidad. Es un tema central de la enseñanza de San Josemaría.


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