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57 • Julio - Diciembre 2013 • Pág. 279
 
 
 
 •  Del Prelado
 

Entrevista concedida a “Dong-A”, Corea del Sur (16-XII-2013)

Por Kap Sik Kim

La película dirigida por Joffe desarrolla la historia de la guerra civil española con el hilo de la vida de San Josemaría. Sabemos que el Opus Dei ha colaborado en la producción de la película. ¿Podría decirnos por qué ha decidido colaborar con este proyecto y de qué modo ha ayudado en la producción?

Cuando el director y el productor vinieron a Roma para documentarse, se les prestó asesoramiento histórico para que la película pudiera reflejar fielmente los hechos que se refieren a la biografía de san Josemaría. Se les ayudó en todo lo que se pudo, como se suele hacer con quien se toma el interés de acudir a las fuentes. Sólo en esto consistió la colaboración de la Prelatura como tal: facilitar documentación, materiales históricos.

Me consta que bastantes católicos con devoción a san Josemaría (entre ellos, muchos fieles del Opus Dei) decidieron colaborar personalmente en la difusión de esta película, precisamente por el mensaje positivo que transmite sobre la fuerza del perdón y sobre la figura amable de un sacerdote católico que amaba mucho a Dios y a los hombres.

Yo estoy muy agradecido al director Roland Joffé, por la gran categoría profesional con la que ha trabajado.

Esta película habla del perdón, del pecado, del mal, del camino de la conversión. ¿Podría decirnos su Excelencia su percepción de la película? ¿Qué ha pensado viendo la película? ¿Hay algún aspecto que piensa que podría haber sido mejor?

Me ha servido para acordarme de tantos miles de sacerdotes que gastan su vida con alegría en servicio de las almas, en servicio de la sociedad.

También me ha recordado una actitud de san Josemaría, de la que he tenido la suerte de ser testigo directo: su capacidad de imitar a Cristo en la Cruz, con los brazos abiertos a todos. Abierto a los de la izquierda, del centro y de la derecha; a los pobres y a los ricos; a todos sin excepción. Lo vivió de modo heroico durante la guerra civil española, pero fue la misma actitud que cultivó ya desde que era joven y, luego, durante el resto de su vida. Es la apertura de Cristo, de la que hoy nos habla tanto el Papa Francisco, y que resulta un mensaje muy actual.

Sin duda, toda película tiene el límite de ceñirse a unos pocos hechos: en ésta se dan sólo unas pinceladas sobre san Josemaría en un periodo concreto de su vida. Al mismo tiempo, entiendo que no es un film biográfico: el personaje aparece injertado en una narración cinematográfica que tiene su propia autonomía.

Algunos han comentado que esta película es una contestación al Código Da Vinci. ¿Qué opina al respecto?

El Opus Dei como tal ya respondió en su momento, aprovechando la ola de interés público para hacer una especie de catequesis masiva sobre la figura de Jesucristo y sobre la Iglesia Católica, así como para informar sobre la realidad de esta parte de la Iglesia que es la Prelatura del Opus Dei. Doy gracias a Dios por los miles de personas que se acercaron a la Iglesia gracias a aquella aparente contradicción.

Por otro lado, he leído que tanto el director de la película (Roland Joffé) como los productores han dicho en numerosas ocasiones que su intención no era responder a nadie. Al mismo tiempo, pienso que, de hecho, There Be Dragons podría servir como una buena aclaración ya que expresa cinematográficamente la realidad sobre cuestiones relativas al mensaje cristiano y a la Iglesia, que falsificaba esa película que usted menciona. No le escondo que me gustaría que muchos de los espectadores de aquella película vieran y disfrutaran There Be Dragons, y pudieran hacerse un cuadro más completo y real sobre temas como la gracia de Dios, el perdón y la santidad, realidades a los que todo ser humano puede aspirar.

Realmente, con la película y la novela Código Da Vinci se ha difundido una imagen claramente negativa del Opus Dei. ¿En qué aspectos se ha trastornado la realidad del Opus Dei en esta película?

La principal causa de dolor fue que en aquel libro se jugara frívola y superficialmente con la persona de Cristo. Por lo demás, la caricatura del Opus Dei era tan grotesca y lejana de la realidad, que resultaba casi cómica, por esperpéntica. Visto con perspectiva, puedo decirle que tal vez sirvió para acumular experiencia sobre cómo darse a conocer mejor, con una audiencia enorme. También en este campo hace falta algo de paciencia.

¿Qué tipo de institución es el Opus Dei? ¿Cuáles son sus fines?

La misión específica del Opus Dei, dentro de la Iglesia católica, es recordar que todos los bautizados, hombres y mujeres, estamos llamados a seguir y amar a Dios, y a amar al prójimo, concretamente a través de la vida cotidiana. San Josemaría decía que hay algo divino escondido en las situaciones más comunes, y que toca a cada uno de nosotros descubrirlo. Ninguna acción humana honrada puede resultar un obstáculo para la amistad con Dios, para el encuentro con Cristo. Los fines del Opus Dei son, por tanto, espirituales: ayudar a muchos hombres y mujeres a buscar, encontrar, tratar y amar a Dios y al prójimo en y a través de su vida diaria.

Desde el punto de vista jurídico, el Opus Dei es una prelatura personal, una de las formas previstas por la Iglesia Católica para organizar su tarea pastoral en el mundo.

¿Con cuántos fieles y sacerdotes cuenta el Opus Dei?

Actualmente cuenta con 90.000 miembros, 2.000 de ellos sacerdotes. Entre los fieles laicos del Opus Dei se encuentran mujeres y hombres de toda clase y condición, la mayoría de ellos casados.

¿Qué propone el Opus Dei? ¿Qué tipo de espiritualidad promueve realmente el Opus Dei? ¿Por qué algunos sectores católicos dicen que el Opus Dei es tradicionalista y cercano al fundamentalismo?

San Josemaría decía con frecuencia que el Opus Dei es como una gran catequesis. Le comentaba antes que se lleva a cabo donde Dios nos ha buscado: en las circunstancias de la vida ordinaria, en nuestro trabajo, en la familia, con los amigos, en el descanso... Es, en cierto sentido, una aventura de amor y de fidelidad alegre El Opus Dei ofrece su ayuda a quienes lo desean para responder a esta llamada divina; la Prelatura propone actividades de formación cristiana y la posibilidad de un acompañamiento espiritual, adaptado a la vida personal de cada uno.

El espíritu del Opus Dei se funda en el Evangelio, en la confianza en la paternidad amorosa de Dios, en la fe en Cristo Resucitado, en la acción del Espíritu Santo, en la vida sacramental, hoy, ahora, para cada alma. El Opus Dei cumple esta misión, en el seno de la Iglesia, como una porción del pueblo de Dios, en plena comunión con el Papa y con los obispos de cada diócesis. Es una manifestación de catequesis, complementaria a la que ofrece por ejemplo la parroquia, para que la gente de la calle encuentre a Dios en su vida ordinaria y comparta la alegría de este encuentro con sus colegas, sus amigos y conocidos.

Sabemos que el Opus Dei ha tenido una relación estrecha con el Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI. Quizás por eso, en la prensa occidental algunos han dicho que el Opus Dei es una institución que protege el Papado, o colaborador financiero del Vaticano. Quisiera que nos diga algo sobre qué tipo de relación tiene el Opus Dei con el Papa, y con el Vaticano.

San Josemaría siempre quiso y se sintió querido por los Romanos Pontífices que conoció: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, lo que abarca un espacio de tiempo de 36 años. Yo le oí decir muchas veces: “De la Santa Sede, del Santo Padre, no nos pueden venir más que bienes”. Para un católico, el Papa –sea quien sea– siempre será el Vicario de Cristo.

Posteriormente, es cierto que existía un trato natural, confiado y espontáneo entre Juan Pablo II y el venerable siervo de Dios Álvaro del Portillo, primer sucesor de san Josemaría y cuya beatificación esperamos con alegría. El Papa veía en Monseñor Del Portillo a un hijo leal que le decía las cosas con sencillez y veracidad, no como quería que fuesen. Por ejemplo, en una ocasión Juan Pablo II le comentó bromeando que el Opus Dei era poderoso, a lo que don Álvaro contestó: “Santidad, nuestro único poder, nuestra única fuerza es la oración”. Y el Papa, afirmando con la cabeza, contestó: “A eso me refería”.

Por supuesto Juan Pablo II y Benedicto XVI sostuvieron al Opus Dei, como también lo hicieron con todos los hijos de la Iglesia. Nuestra ilusión es que pueda decirse, de esos Pontífices y de los que vengan después, que pudieron descansar en el Opus Dei, que existe para eso: para servir a la Iglesia. A nosotros, expandirnos por el mundo entero y que vengan vocaciones, si no fuese para mejor servir a la Iglesia universal y a las iglesias locales, también en Corea, no nos interesaría para nada.

Cuando el Papa Francisco habló por primera vez desde el balcón de las bendiciones, mencionó a todas las personas de buena voluntad. Yo pensé que, además de los católicos, el Papa lleva el peso, las alegrías y los dolores de toda la humanidad. Por esto, junto a la alegría, sentí también el deseo intenso de que todos recemos por el sucesor de Pedro, y experimenté un afán filial de invitar a la gente a amar al Romano Pontífice.

¿Cómo se financian las actividades del Opus Dei y cómo se hacen los gastos, en las actividades educativas, médicas y apostólicas?

Gracias a Dios existen bastantes iniciativas educativas y sociales en el mundo que se inspiran en el mensaje de san Josemaría: buscar a Dios a través de la vida ordinaria. Nacen por impulso y bajo la responsabilidad de unas personas concretas. Por ejemplo, en el caso de los colegios, los padres de los alumnos, que son los primeros interesados en la educación de sus hijos. El Opus Dei no interviene en esto, respeta la libertad de cada uno en su acción social. Lo mismo pasa con las demás iniciativas médicas, sociales, culturales, etc. Son los responsables de cada una los que se ocupan de su financiación: se sigue un sano principio de autonomía y de respeto a las competencias de cada uno. Lo que la Prelatura del Opus Dei les ofrece es atención pastoral y formación espiritual.

Hay que tener en cuenta que el fin del Opus Dei, como parte que es de la Iglesia, no consiste en organizar este tipo de iniciativas, sino en prolongar la presencia de Cristo en el mundo, servir a las almas Es algo que el Papa Francisco explica de manera muy clara en su reciente Exhortación Apostólica Evangelii gaudium.

Recientemente ha visitado Corea el Cardenal prefecto de Evangelización de los Pueblos y del Diálogo interreligioso. Las preguntas que se les han hecho cuando alguien del Vaticano nos visita son: posibilidad del nombramiento de un Cardenal coreano, canonización de nuevos mártires coreanos, visita del Papa al país. ¿Conoce Ud. alguna información al respecto?

Estoy convencido de que cuando el Papa viaje a Corea, va a ser recibido con un cariño inmenso, como el que esta tierra es capaz de ofrecer. Pero acerca de los nombramientos o las decisiones sobre los viajes del Papa, no tengo ninguna información. Personalmente, me alegraría mucho que llegasen a los altares tantos mártires coreanos que han dado su vida para anunciar el reino de amor de Cristo en ese querido país.

En la película se ve la actuación de un sacerdote en un contexto político difícil y desde ya es una propuesta de la figura de lo que debe ser un sacerdote. Actualmente en Corea hay un sistema democrático, pero algunos sacerdotes se están manifestando en contra del resultado de las elecciones, incluso pidiendo su dimisión. ¿Qué opina Ud sobre el pronunciamiento político de los sacerdotes?

Los sacerdotes intervienen, en unión con el obispo, cuando está en juego alguna cuestión ética fundamental, directamente ligada con la dignidad del hombre, pero respetando siempre la libertad temporal de los fieles católicos, pues sobre muchas cuestiones quizá no exista una única solución, sino varias posibles soluciones legítimas. Desconozco la situación concreta del país, pero está claro que los sacerdotes estamos llamados a ser sacerdotes para todos, no sólo para aquellos que piensan como nosotros, y debemos ceñirnos al Evangelio: vivirlo y predicarlo.

¿Podría hacernos una breve presentación suya? ¿Cómo ha conocido el Opus Dei y cómo se ha hecho sacerdote?

Hice los estudios medios en un colegio llevado por los maristas; y durante esos años, cuando había cumplido 16, Dios se metió en mi vida, y comencé mi entrega en el Opus Dei. En 1950 me trasladé a Roma a estudiar Derecho Canónico en el Angelicum y Derecho Civil en la Universidad Lateranense, las licenciaturas y los doctorados, y me ordené sacerdote en 1955. Desde que llegué a Roma tuve el inmenso regalo de Dios de convivir con san Josemaría. Un don de Dios del que nunca estaré suficientemente agradecido.

Una característica de la sociedad actual es la crisis religiosa. El pueblo se aleja de Dios, con una visión egoísta y materialista. Quizás cuentan con más medios económicos pero cada vez hay menos gente feliz. ¿Cómo piensa Ud. que se consigue la felicidad, y la paz interior?

El secreto de la felicidad no reside en una vida cómoda. Como bien señala usted, hay personas que disponen de muchos bienes materiales pero no consiguen tener paz interior. Es muy importante la entrega a los demás. Darse sinceramente a los demás es de tal eficacia que Dios lo premia con una humildad llena de alegría, afirmaba San Josemaría.

Jesucristo nos ha dicho: “Venid a Mí los que estáis cargados y agobiados, que yo os aliviaré”. Si permitimos que Dios entre en nuestra vida, los problemas no desaparecerán, pero, compartidos con Él, los veremos de otro modo, como una ocasión de servirle y de servir a los demás. Si abrimos a Dios la puerta de nuestra conducta, de nuestra alma, también entrarán las personas que nos rodean. El amor a Jesucristo, el trato con Él en la oración y en la Eucaristía, conduce a servir gustosamente a los demás, y a ser felices con todos.

¿Qué lema o frase le gusta a Ud?

Mi lema episcopal es ‘Deo omnis gloria’, toda la gloria para Dios. Todo lo que pasa en nuestras vidas –lo bueno y lo que no parece tan bueno– adquiere sentido si lo aprovechamos para amar más a Dios. Vivir para dar gloria a Dios es el secreto de una existencia feliz.

Si Ud. no hubiera sido sacerdote y Obispo, ¿qué habría sido?

No lo sé, supongo que habría sido padre de familia y agente de cambio y bolsa. Lo importante es que Dios se metió en mi vida y me llevó por caminos insospechados que me han llenado de alegría, no exenta de dificultades, como es natural en el camino de cualquier persona. Mi experiencia es que la confianza en Dios, vivir cara a Él, abre unos horizontes muchísimo más amplios de los que uno puede imaginar.

¿Tiene Ud. algún plan de visitar nuestro país?

Estuve en Corea en 1987 con Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría. Guardo un recuerdo entrañable de aquella visita y espero volver, ahora que ya hay algunos fieles del Opus Dei que viven y trabajan en el país. En Corea se entiende muy bien el espíritu que promueve el Opus Dei de búsqueda de la santidad en la vida ordinaria: en el trabajo, en la familia, en las relaciones sociales, etc.


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