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Un monolito recuerda al Beato Josemaría en el colegio Seido Mikawadai, en Nagasaki (Japón)

Las personas que pusieron en marcha el colegio Seido Mikawadai siempre consideraron al Beato Josemaría como el fundador, ya que fue él quien les animó a empezarlo y quien con más insistencia rezó para que se pudiera llevar a cabo. El mismo día de su tránsito al Cielo habló de las gestiones que se habían emprendido y pidió oraciones por su feliz conclusión. Su intercesión desde el Cielo se hizo evidente muy pronto: todas las dificultades iban desapareciendo poco a poco. El gobierno dio su visto bueno, con lo que se pudieron adquirir los terrenos para edificar el colegio, y en abril de 1978, al comienzo del año escolar, las obras de la primera fase ya habían terminado.
El Beato Josemaría está muy presente en el colegio, ya que a él se debe el espíritu que lo anima. Aunque menos de una quinta parte de los alumnos son católicos, muchos le tienen gran devoción y le rezan diariamente.

En abril de 2001 todos en el colegio empezaron a prepararse para el centenario de su nacimiento. Pronto se decidió poner en un lugar bien visible del jardín un monolito en recuerdo del Beato Josemaría. Gracias al donativo de los padres de un ex alumno –no cristiano–, el proyecto fue enseguida una realidad. Se trata de una columna de granito rosado de casi dos metros de altura con un relieve en bronce del busto del Beato y las siguientes palabras de Camino: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor”. El 30 de septiembre se procedió a su bendición.

Romana, Nº 33, Julio-Diciembre 2001, p. 209-210.