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“Santos en el mundo, el camino de los laicos”, entrevista publicada en el periódico “Avvenire”, Italia (7-VII-2001)


Clima de vigilia para el Opus Dei. Dentro de pocos meses, el 9 de enero de 2002, se celebrarán los cien años del nacimiento del fundador, el Beato Josemaría Escrivá, pionero de la santificación de los laicos a través de la vida cotidiana -desde el trabajo hasta la familia, desde la cultura del tiempo libre hasta las relaciones de amistad- y a través asimismo de un espíritu vivido con naturalidad y fundamentado en la oración, la constante formación cristiana, la responsabilidad personal y el apostolado. En esta antesala del centenario, el Obispo Javier Echevarría, segundo sucesor de Escrivá al frente de la que desde 1982 es una Prelatura personal, ha concedido -en la sede central de Roma, en Via Bruno Buozzi, donde reposan los restos mortales de Escrivá- esta entrevista exclusiva a Avvenire, en la que habla de la naturaleza y las actividades del Opus Dei en Italia y en todo el mundo.

Monseñor Echevarría, ¿qué significa para el Opus Dei recordar al Beato Escrivá?

Este centenario no supone una simple conmemoración, sino más bien una invitación a reflexionar sobre las enseñanzas del fundador del Opus Dei, y a descubrir modos nuevos de darles siempre más cuerpo en la existencia ordinaria. El Beato Josemaría repetía con frecuencia: “es de Cristo de quien hemos de hablar y no de nosotros mismos”. El fundador del Opus Dei gastó todo su tiempo en anunciar a Jesucristo, recordando que se puede ser plenamente discípulo de Cristo en medio del mundo. El Centenario ha de ser un eco de esa verdad cristiana radical, que llena la vida de sentido y de alegría.

¿Qué quiere decir hoy para un laico cristiano ser santo de altar, como predicaba Escrivá? La imperfección es algo connatural a la condición humana...

Precisamente porque somos imperfectos hemos de buscar la santidad, es decir, la identificación con Jesucristo: nos lo ha pedido Él, y Él no pide imposibles. Los pecados y las miserias personales son evidentes, pero no constituyen un peso insoportable ni una condena, sino una oportunidad de convertirnos a Dios. Cristo nos ha redimido y podemos, con su gracia y nuestra humildad, seguirle e imitarle: ser mejores. Los hijos de Dios, que tienen conciencia de lo que significa la realidad de la filiación divina, saben que la vida cristiana es un camino de liberación, una invitación a la felicidad, no un conjunto de ataduras o prescripciones sin espíritu. Y para los laicos, aspirar a la santidad significa, con palabras del Concilio Vaticano II, “buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales”.

¿Dónde se está desarrollando la Prelatura?

Gracias a Dios, la labor apostólica de la Prelatura del Opus Dei va creciendo. En países de mayoría católica (Honduras o Polonia, por citar algunos de comienzo más reciente), son muy numerosas las personas que acuden a las actividades de formación cristiana. En otras naciones, donde los bautizados son minoría (como en Tierra Santa, Singapur o Kazajstán), para muchas personas el encuentro con la Prelatura significa con frecuencia el primer contacto con la Iglesia a través del vínculo de amistad con un colega católico.

¿Cuál es el “estilo” del Opus Dei?

El acento en la formación cristiana del individuo, no en la programación de actividades o en las estructuras. La fe implica un descubrimiento personal y una respuesta también personal a Dios que pregunta por nosotros. El Opus Dei crece siempre de uno en uno. Y el “cada uno”, en la medida en que se identifica con Cristo, ilumina con luz nueva a muchos otros.

El Opus Dei, dijo Escrivá, “es una gran catequesis”: si esto es así, ¿por qué se dice a veces que se trata más bien de una élite espiritual y social y que cultiva la discreción?

Invito a cualquier persona que se considere poco informada a preguntar, a llamar a un fiel o a un Centro de la Prelatura. Basta consultar la guía telefónica o el website de la Oficina de información del Opus Dei. El fundador del Opus Dei solía decir que para comunicar hacen falta “buenas explicaderas” y “buenas entendederas”. Los fieles de la Prelatura podemos mejorar siempre la capacidad de hablar con claridad. Por otra parte, para entender el Opus Dei basta comprender la naturalidad de la vida cristiana ordinaria y la libertad; porque no llevar distintivos, ni publicar declaraciones conjuntas, ni organizar reuniones masivas, no equivale a ser secretos.

¿Qué significa eso, entonces?

Significa vivir como cristianos corrientes, que actúan igual que cualquier ciudadano personalmente responsable de sus propias decisiones en el ámbito espiritual, político, social, económico, cultural: la vocación cristiana en el Opus Dei supone una llamada de Dios, pero es también elección por parte del fiel católico que libremente decide emprenderla y que la sigue de hecho sin formar un grupo cerrado, sino abierto a toda la Iglesia.

En el contexto del Jubileo, ¿hay un “mea culpa” del Opus Dei?

Pienso que la contrición a la que nos ha impulsado la petición de perdón que el Papa hizo el 12 de marzo del 2000 consiste sobre todo en la humildad de reconocer cada uno las propias culpas presentes. Los miembros del Opus Dei, cada uno por su cuenta, siempre acaban la jornada con una petición de perdón al Señor, después del examen de conciencia. En el Opus Dei es fundamental que cada uno se convierta a diario y sepa pedir perdón con humildad a Dios y a aquellos a quienes ha podido herir u ofender. Aprender a pedir perdón todos los días es un buen propósito después del Jubileo.

¿Es cierto, como alguno afirma, que el Opus Dei, en países como Italia, da prioridad a los ambientes intelectuales y a las clases dirigentes?

El Beato Josemaría, a la vez que fomentaba de modo concretísimo la preocupación por los más necesitados, siempre recordó que la labor entre intelectuales es tarea evangelizadora completamente necesaria: los intelectuales configuran la sociedad y la cultura. Si no conocen a Cristo, si no se les anuncia, las consecuencias para la sociedad son evidentes. Ese apostolado estará siempre vigente en el Opus Dei, bien entendido que las dos prioridades son complementarias, porque a la indigencia material se suma hoy en día una tremenda indigencia intelectual y cultural religiosa.

En Italia hay muchas escuelas promovidas por padres de familia relacionadas con el Opus Dei. ¿Cómo valora esta iniciativa?

Esas iniciativas representan una aventura. Responden al principio de que los padres son los primeros responsables de la educación de los hijos. Pero ciertamente, como todas las aventuras, encuentran muchas dificultades, entre otros motivos porque las leyes no facilitan ese protagonismo de las familias en la educación. Lo ha vuelto a recordar recientemente la Conferencia Episcopal italiana. En todo caso, pienso que vale la pena correr el riesgo de emprender ese reto apasionante de educar cristianamente a los hijos y a los amigos de los hijos: la más importante misión de los padres cristianos.

La Obra tiene fama de ser una institución conservadora. ¿Por qué?

El Opus Dei no tiene dogmas propios ni moral particular, ni hace “escuela” de pensamiento. Se atiene en todo a la doctrina de la Iglesia. Si eso significa ser conservador, juzgue usted mismo y sus lectores. En el fondo, se trata de un error de bulto: el de aplicar a la Iglesia categorías políticas que son inadecuadas en el terreno de la fe. Todo cristiano -si es consecuente- lleva en su corazón un amor grande a su historia; y a la vez, cultiva el deseo de influir positivamente en el mundo, de hacerlo más justo, más humano, liberándolo sin miedo de todos esos lastres que las ideologías han acumulado con los siglos; por ejemplo, desde el racismo hasta la despreocupación “global” por las causas de la pobreza. El Beato Josemaría solía decir: “si los cristianos nos tomáramos en serio nuestra fe, se produciría la revolución más importante de la historia”. Es una revolución pendiente, y no precisamente una revolución conservadora.

Se asiste actualmente a un nuevo interés por la religiosidad. ¿Qué respuesta ofrece la Obra a esta reencontrada sed interior?

El Opus Dei ofrece un camino formativo basado en los Sacramentos -la Confesión, la Eucaristía-, la meditación de la Escritura y del Magisterio de la Iglesia, el estudio de la doctrina católica y de la moral profesional. La Prelatura proporciona los medios de formación cristiana siempre de manera compatible con la vida ordinaria: sin dejar el propio oficio o la propia profesión, al contrario, animando a descubrir la relación que existe entre contemplación y trabajo. Se puede mantener una profunda unión con Dios mientras se cocina un plato de pasta, se cuida a un enfermo o se juega un partido de fútbol, o también mientras se hace una labor de investigación científica. Porque la unión con Dios se produce en el fondo de un corazón libre: es cuestión de Amor.

Hablemos de la pertenencia a la Obra en el matrimonio o en el celibato: ¿nos podría explicar cuál es la diferencia respecto a la adhesión a un grupo o una asociación?

Prefiero explicar la Prelatura, más que señalar diferencias. La incorporación al Opus Dei es, originalmente, la respuesta personal y libre a una llamada divina, a Dios que llama. Quien se incorpora a la Prelatura se compromete a dos cosas: a buscar la identificación con Jesucristo según el espíritu del Opus Dei, un espíritu que no saca a nadie de su sitio ni de la posición que ocupa; y a permanecer bajo la jurisdicción del prelado en aquellos aspectos de la vida de unión con Cristo y el apostolado que afectan a la misión apostólica de la Prelatura. No existe diferencia entre un fiel de la Prelatura y otro que no tenga la vocación al Opus Dei.

¿Qué proyectos hay en Italia?

Nos gustaría que cualquier italiano interesado en el Opus Dei tuviera la posibilidad de acudir a un Centro de la Prelatura cercano. Actualmente hay Centros en unas veinticinco ciudades. Queda mucho por hacer.

¿Qué espera de los fieles del Opus Dei de Italia?

Que sigan procurando dar testimonio cristiano en su profesión, contribuyendo a resolver los problemas y necesidades de su propio entorno. Este país ha dado muchos santos a la Iglesia. Como italiano (lo soy de corazón, después de cincuenta y un años en Roma), me gustaría que la tradición no se interrumpiera, sino todo lo contrario.

¿Cuándo será la canonización de Escrivá?

No lo sé. No tenemos prisa: llegará en el momento mejor, cuando Dios quiera. Ya se han abierto algunas causas de beatificación y canonización de fieles laicos del Opus Dei en Guatemala, Suiza y España. Y se está preparando la apertura de la causa de Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor del fundador.

Usted ha vivido veinticinco años junto a Escrivá: ¿Tiene algún recuerdo de él particularmente unido a Italia?

El Beato Josemaría se trasladó a Roma en 1946, y enseguida se adaptó a la vida y a las costumbres de este país, hacia el que sentía un profundo agradecimiento. Aquí murió y aquí reposan sus restos. Nos pedía que si fallecía fuera de Roma trajéramos su cuerpo a esta tierra, porque para él “romano” era sinónimo de “universal”.

Romana, Nº 33, Julio-Diciembre 2001, p. 191-195.